"Que tal vez la vida no sea eso que esperabas, pero que hay momentos que son más especiales que cualquiera de los que imaginaste jamás."
Puede
ser que el tiempo determine que ya está bien de pasar sin que nadie
se lo pida, que se canse de ser el malo de la película, y no sólo
se detenga, sino que decida retornar.
Puede
ser que los años empiecen a decrecer, que todo vaya hacia atrás a
una velocidad vertiginosa, que nuestro alrededor se sumerja en una
vorágine de regreso al pasado, y, de repente, nos sorprendamos
viendo cómo empiezan a desaparecernos cicatrices, heridas. Cómo
notamos que, poco a poco, nos vamos sanando por dentro, que hasta
desaparecen todos los malos recuerdos, que tenemos un dulce
alzheimer, que sonreímos.
Que
sonreímos.
Alzas
la cabeza, poco a poco, incrédula y cansada, y, por primera vez, no
ves lo mismo en mis ojos. No ves desahucio, ni hastío. Ves una
mirada firme y segura, ves una esperanza... ves que puede ser verdad.
Puede
ser que volvamos a ser amigos de esas personas con las que hace años
que ni hablamos, por alguna razón que, hoy en día, ni siquiera
recordamos.
Puede
ser que tendamos la mano de nuevo, que no miremos para otro lado,
que, cuando sintamos a la otra persona aferrada a nuestra muñeca, y
veamos su mirada de agradecimiento, sintamos lo muertos que hemos
llegado a estar.
Que
tampoco es tan caro, ni tan desagradecido, el precio que se ha de
pagar por estar vivo.
Que,
aunque hoy no te parezca un día especial, quizás mañana lo
recuerdes, y sientas una extraña nostalgia. Que a veces, las cosas
que más lo son, no lo parecen mientras ocurren, sino luego, cuando
reposan. O cuando ya han pasado.
Que no
tenemos la vida más fácil del mundo, ni la mejor, ni somos de las
personas con menos problemas en la Tierra. Que el día a día es
jodido, pesado, y a veces inaguantable, pero que, cuando te paras a
respirar, cuando lo piensas de verdad, ves que eres feliz. Tal vez a
tu manera, tal vez no como creías de pequeño, ni como se entiende
por felicidad en sí misma en la sociedad... pero lo eres.
Y tal
vez, llegado ese punto, sientas lo vanas que son la mayoría de cosas
que te rodean, y que no eres culpable por protestar por ello ayer, o
mañana. Que es normal introducirte en ese torbellino, ser uno más,
pero que de vez en cuando a uno le da por salir de ahí, a quitarse
el traje de la vida y mirarlo colgado en la percha, y ver que quizás
no te hace lo guapo o perfecto que un día esperaste, pero que te
sientes bien con él, con sus taras y su elástico apretado.
Que no
sabes muy bien cuando pasaste de ser un niño pequeño a algo
parecido a una persona adulta, pero que al fin y al cabo estamos
aquí, y estamos todos. Cada uno a su manera, pero lo estamos.
Que tal
vez la vida no sea eso que esperabas, pero que hay momentos que son
más especiales que cualquiera de los que imaginaste jamás.
Aunque,
mientras los vivas, no los hayas sentido así.
Puede
ser que el reloj dé marcha atrás, que seamos niños, que tengamos
más de una sonrisa en la recámara. Puede ser que te pares a saber
que duele, y que eso no siempre es malo.
Que si
duele, es simplemente porque aún sigues vivo.
Y que
tal vez no sea tan caro, ni tan desagradecido, el precio que se ha de
pagar por ello.
No hay comentarios:
Publicar un comentario